No volveremos a la normalidad. La normalidad es el problema

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No volveremos a la normalidad. La normalidad es el problema15-M RONDA.- En pocas palabras.- El confinamiento decretado para intentar minimizar los contagios ha revelado toda la magnitud del criminal desorden capitalista. La actual crisis sanitaria y social tiene proporciones gigantescas y consecuencias aún por determinar. Podría pensarse que esta penuria desesperada de medios de la sanidad pública y de miseria en millones de hogares es consecuencia de la ausencia generalizada de recursos.

Pero no es así, ni muchísimo menos. El pago sólo de los intereses de la Deuda [*] que se triplicó tras transferir decenas de miles de millones de euros de dinero público a la banca y que no devolvió supone 31.400 millones al año, 86 millones de euros/día [*]. El gasto militar, 31.400 millones de euros al año, 86 millones de euros/día [*]. Las subvenciones a la iglesia católica, más 11.000 millones/año, 30 millones de euros/día [*]. El pago a la casa real, 8 millones de euros/año, 22.000 euros/día [*]. Además, la evasión fiscal de los grandes bancos y empresas. Mientras, un respirador por el que clama la sanidad pública, cuesta 4.000 euros.

Las empresas del Ibex que más filiales poseen en paraísos fiscales son el Banco de Santander con 207, le siguen ACS (las empresas constructoras del Presidente del Real Madrid) con 102, Repsol con 70, Ferrovial con 65 y Arcelor Mittal (la mayor compañía siderúrgica mundial) con 55 [*].

Y frente a esta situación, que ya partía antes del coronavirus de condiciones de miseria dramáticas para 12 millones de personas, y de penuria para más de la mitad de la población [*], el Gobierno en la declaración del Estado de Alarma se ha limitado a poner ridículos parches frente al desmoronamiento social y económico en curso. El gran capital, con el gobierno «progresista» a su servicio, mantiene el cetro del poder, aún más acrecentado, para beneficiarse del desastre de la inmensa mayoría.

Así, de los 200.000 millones de euros que se anunciaban, 100.000 millones son avales del Estado que el gobierno pone en manos de los bancos para que los administren. Es decir, son los bancos los que valorarán la solvencia de las empresas que los soliciten y quienes decidirán a cuáles de ellas se darán y a quiénes no, en función de su capacidad de asegurar la devolución del crédito concedido. Y sin ningún riesgo, porque si en algún caso hubieran errado la decisión y se produjera un impago, actuaría el Estado como aval.

¿Cabe alguna posibilidad de que las más de 150.000 pequeñas empresas o los más de tres millones de autónomos que están viendo hundirse su negocio accedan mayoritariamente a esos créditos? Es evidente que no.

Es a los bancos, pues, a quienes se les ha hecho el enorme regalo de poder vender su materia prima, el dinero, dando créditos por valor de la enorme suma de 100.000 millones de euros. Y venderán sus créditos al tipo de interés «de mercado» cuando el Banco Central Europeo les presta a ellos, y se prestan entre ellos, a interés cero, o incluso negativo [*].

A ello se suman los 750.000 millones del Banco Central Europeo para comprar «activos públicos y privados», es decir para introducir esa enorme cantidad de dinero público mediante la compra de bonos a las grandes corporaciones, mientras el riesgo lo asume el BCE. Es decir, la parte de esos 750.000 millones que le corresponda a España irá a parar a los mismos grandes bancos y a las mismas empresas multinacionales.

En cuanto a las medidas dirigidas a las necesidades más básicas de la clase obrera: vivienda, luz, gas, agua, etc., son meros aplazamientos de pago de hipotecas y facturas, que se acumularán para después. Y que no se nos olvide, los acreedores son los mismos grandes bancos y las grandes multinacionales.

El resto de las medidas del Gobierno que supongan gasto irán a incrementar la Deuda pública, ésa que pagamos toda la ciudadanía, sin que al gran capital se le haya impuesto gravamen alguno. El cuento de que no se puede hacer otra cosa que salvar banqueros y grandes capitalistas ya no lo compra nadie, máxime después de haber comprobado como el Rey Emérito es probablemente el mayor ladrón del reino, y eso que la competencia es dura.

Las dimensiones del desastre no pueden enfrentarse sino con medidas que atajen las causas, y no sólo los síntomas, y que deben constituir el programa básico para salvar al pueblo, esto es, expropiación de la banca. Negativa a pagar la Deuda, creada en buena parte al transferir dinero público a la banca, y no aceptar los límites del gasto público impuestos por la Unión Europea. Los bancos y las grandes empresas siguen siendo armas de destrucción masiva, ¿esta es la normalidad a la que queremos volver?

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