Economía verde o economía del saqueo

Cabeza d emanifestación15-M RONDA. En pocas palabras.- Un informe del Foro Económico Mundial revela que los ingresos por actividades sostenibles están creciendo al doble de velocidad que los negocios tradicionales. La “economía verde” mueve más de 5 billones de dólares anuales y se espera que alcance más de 7 billones en el año 2030.

La transición hacia un entorno de cero emisiones netas para 2050 creará nuevas industrias verdes y estas podrían añadir cerca de 10,3 billones de dólares a la economía global, lo que supondrá cerca del 5% del PIB previsto para ese momento. Sin embargo, las grandes petroleras mantienen inversiones combinadas en gas y petróleo que superan en cinco veces sus gastos en renovables. “Transición ecológica” o “revolución verde”, en realidad constituye un nuevo ciclo de acumulación global, orientado a reproducir las mismas relaciones de explotación, despojo y dependencia, ahora bajo el discurso de la sostenibilidad.

La llamada “Economía Verde” es una nueva área de negocios, se le dice “Verde” no porque sea bueno para el medio ambiente, sino porque su mercancía es la naturaleza. Estamos en un momento del avance del Capitalismo en el cual el agua, la tierra, la biodiversidad, el aire, el subsuelo, los componentes de la naturaleza y de la vida y hasta el paisaje son convertidos en mercancía. Al mismo tiempo, con la excusa de hacer algo para frenar el Cambio Climático y el Calentamiento Global, las Corporaciones desarrollan toda una gama de “Tecnología Verde”.

Desde 1990 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los países “desarrollados” tuvieron que aceptar que este Sistema Capitalista de producción estaba alterando el clima a nivel mundial.

Tras el colapso financiero de 2008 y el aumento de la presión social frente al cambio climático, las grandes potencias y las corporaciones comenzaron a redirigir capitales hacia sectores “verdes”, energías renovables, vehículos eléctricos, captura de carbono y biotecnología ambiental.

Sin embargo, Las guerras, las crisis financieras y la organización del comercio mundial, en gran parte, giran en torno al control de las fuentes fósiles. Hoy, el 80% de la energía primaria mundial sigue dependiendo de carbón, gas y petróleo.

La vinculación con la lógica de mercado implica que la naturaleza deja de ser vista como un bien público o un derecho colectivo, para pasar a convertirse en un “activo ambiental” susceptible de valoración, inversión y apalancamiento financiero. La lógica de mercado lleva asociada una jerarquía en la que las empresas, los inversionistas privados, los países “inversores” y los intermediarios financieros adquieren un rol central.

Esta lógica del mercado potencia la arquitectura de la impunidad a favor de las compañías multinacionales y del capital, que allana el camino para que los entramados económicos transnacionales despojen a los pueblos, exploten los territorios, desmantelen la red de protección pública y comunitaria que pudiese existir y repriman las resistencias que surjan.

La política y la economía se aplican violentamente para defender el derecho a la rapiña. Ciento de personas son asesinadas todos los años por defender sus bosques, sus ríos y tierras de los intereses de corporaciones extractivistas. El 60% de los asesinatos documentados se produjeron en América Latina. Y los asesinatos son solo la punta del iceberg. En la parte oculta se encuentra las amenazas, detenciones, vigilancia, acoso, entre otras agresiones.

Esta economía “verde” se articula con una nueva geografía de la extracción. América Latina, África y parte de Asia se están convirtiendo en las “zonas de sacrificio” donde se localiza la minería de la transición. En el “Triángulo del Litio(Argentina, Bolivia y Chile) se concentra más del 60% de las reservas mundiales de este mineral.

Según el Fondo Monetario Internacional, el volumen de activos bajo los criterios ambientales, sociales y de gobernanza superó los 41 billones de dólares, representando casi un tercio del capital financiero global. Así, el “capitalismo verde” no es una ruptura, sino una estrategia de reciclaje ideológico y financiero.

La economía verde o la transición energética, bajo el planteamiento burgués, es un proyecto político y económico condicionado por las relaciones de poder del capitalismo. Bajo la retórica de sostenibilidad, la transición no apunta a superar el modelo de acumulación, sino a configurarlo para abrir nuevos espacios de valorización del capital.

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