José Iglesias Fernández. Economista.- No es la primera vez que denuncio la infamia que está cometiendo la justicia que se practica en el capitalismo español con Arnaldo Otegi Mondragón. Tampoco me sorprende esta clase de injusticias, pues soy de los que me declaro anticapitalista y, por tanto, no espero un comportamiento diferente por parte del sistema con los que transitamos estos ámbitos y proponemos estas luchas. Lo mínimo es que nos metan en la cárcel, cuando no te fusilan, como podemos recordar otros tiempos no tan lejanos, o en otros lugares del planeta. Cuando el capitalismo se siente verdaderamente amenazado por alguien o algún colectivo no contempla tibiezas, sino que muestra su verdadera cara de la barbarie. Con estos personajes o grupos, el capitalismo se ensaña. Los condenados por el caso Bateragune son un buen ejemplo de lo que podemos esperar de los tribunales de justicia del Estado español.

En la mañana del viernes en la que se conmemoraba el “Día Mundial de la Alimentación” -y en el contexto del “Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza”-, se realizó una concentración ante la Delegación del Gobierno Vasco en Bilbo en la que han participado decenas de personas que sufren de forma directa las situaciones de recortes y precarización social: personas en paro; pensionistas; familias perceptoras del subsidio por desempleo o del “Plan Prepara”; de las prestaciones sociales del Gobierno Vasco -Renta Garantía Ingresos o Ayudas de Emergencia Social-; personas que pernoctan en albergues o son usuarias de comedores sociales.
EN POCAS PALABRAS. Un paseo por el mundo