Septicemia

carcelAlicia Alonso.- La palabra “Septicemia” viene del griego y significa “descomposición” o “pudrirse”. Algo se pudre porque la materia orgánica se va deteriorando por la acción de otros organismos que la infectan. Esto, que parece bien simple de entender pero a la vez complicado, es lo que le pasó a la Javiera.

¡Se pudrió en la cárcel!

No quiero decir que pasara el resto de sus días allí. Bueno, si, también. Allí pasó el resto de sus días porque murió prácticamente en la penitenciaría, pero es que también murió podrida de una septicemia. A sus 35 años, que no fueron precisamente primaveras. Entonces, ella se pudrió dos veces, por dentro y por fuera. Fue un 3 de enero. Pero, total, ¿qué lo mismo da esa fecha? ¿A quién le importa la vida de la Javiera? ¿A quién le importa que muriera de una enfermedad detectable? ¿A quién le importa que no le prestaran la atención debida y que sufriera sus últimas horas en un módulo de la penitenciaría de mujeres, antes de llegar al hospital dónde ya nada podían hacer por su miserable vida? ¿A quién le importa si era diabética, madre de un hijo también preso, o si tuvo que delinquir para salir de la miseria? O si tuvo que sobrevivir en la calle sola desde los 13 años, o si fue violada reiteradas veces por su padrastro, o si después no tuvo más remedio que vender su cuerpo por unos gramos de pasta base que la transportaban lejos, muy lejos, tan lejos como lejos está el país del que proviene la mierda que se fumaba y la mantenía igualmente lejos de la realidad que la iba comiendo por dentro, como si ya se fuera descomponiendo desde joven. Sin oportunidades, la única puerta que se abre fácilmente para entrar es la de la cárcel.

Pero… aquí, nadie es responsable. Ni el sistema ultraneoliberal en el que vivimos que genera exclusión en muchos y riqueza extrema en pocos. Ni el sistema patriarcal que condena a la violencia a las mujeres, ensañándose con las más pobres. Ni el sistema electoral que sólo entiende de populismo punitivo. Ni el sistema carcelario que sólo entiende de contención y seguridad. Ni la sociedad en la que vivimos que muchas veces trata mejor a ciertas mascotas que a los seres humanos, aunque estos se encuentren presos.

Javiera se pudrió, por dentro y por fuera y con ella siento que se va pudriendo, poco a poco, también nuestra humanidad.

¡Descanse en la Paz que aquí no tuvo!

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