La piel verde de planeta la estamos quemando

ImagenEl otro, alrededor de 5,4 millones de hectáreas está ardiendo en Siberia y solo se está combatiendo el 9% de estos incendios, 200 millones de CO2 ya han sido emitidos a la atmósfera. Los incendios forestales están devastando la región amazónica brasileña. El número de focos de incendios registrados en la Amazonía brasileña en 2019 es uno de los más grandes en los últimos años. Entre enero y el pasado 20 de agosto el número de incendios aumentó un 145% en comparación con el mismo período en 2018, según Greenpeace.

La Amazonía es la mayor región de bosque tropical del planeta. Desde 1970 se ha perdido solo en Brasil una superficie forestal más grande que toda Francia. La organización ecologista WWF manifiesta que "en el Amazonas, históricamente, los incendios están relacionados con la deforestación porque es una de las técnicas para limpiar la tierra". WWF siempre ha denunciado estas prácticas habituales para transformar áreas forestales en áreas agrícolas o de cría de ganado.

En 2015 la deforestación volvió a repuntar en la Amazonía brasileña, con casi 800 mil hectáreas destruidas. En la década de los 90 la selva absorbía 2.000 millones de toneladas de CO2. Ahora se ha reducido a la mitad. En 2016, 49 activistas ecologistas fueron asesinados en Brasil, 9 de cada 10 de estos asesinatos ocurrieron en la Amazonía. Según el Banco Mundial, las pérdidas por los desastres naturales alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980.

Los bosques primarios son enormes extensiones de bosques que todavía no han sido explotados comercialmente. Sólo ocupan una cuarta parte de la superficie forestal mundial. El resto ha sido deforestado, degradado o fragmentado por la actividad humana. Según la FAO, cada año desaparecen 8,8 millones de hectáreas de bosque, una superficie superior a toda Andalucía. Entre 2000 y 2013 se degradó un 8% de los bosques primarios que quedan en el planeta. El 12% de los gases de efecto invernadero proceden de la deforestación y otros cambios de uso del territorio.

La cuenca del Amazonas, además, es un inmenso almacén de carbono, que contiene aproximadamente 100.000 millones de toneladas de carbón, más de 10 veces las emisiones anuales mundiales de los combustibles fósiles.

El Gobierno brasileño atribuye los incendios a una sequía de carácter extraordinario. El presidente, Jair Bolsonaro, ha llegado a culpar de esta catástrofe a las ONGs. Sin embargo, diversas organizaciones científicas, sociales y ecologistas no piensan lo mismo. Consideran que los incendios han sido provocados deliberadamente con el fin de aprovechar las tierras para minería o agricultura extensiva, actividades altamente promovidas por el propio Bolsonaro.

La tala ilegal supone una presión muy fuerte en la Amazonía. La madera de ipé (también conocida como nuez de Brasil o Lapacho) se ha convertido en la madera más demandada por el sector de la construcción para suelos, terrazas, bordes de piscinas, etc., así como en muelles, pasarelas y puentes. Muchas de estas construcciones son de obra pública. España es uno de los principales importadores.

La organización ecologista WWF ha identificado seis grandes amenazas para el Amazonas: Concesiones mineras, aumento de represas hidroeléctricas, construcción de carreteras, expansión de la agricultura intensiva, deforestación y cambios en la legislación sobre áreas protegidas.

El 90% de los incendios forestales en Rusia comienzan como resultado de actividades humanas, según las estadísticas oficiales y Greenpeace.  Según las imágenes satelitales, la mayoría de los incendios forestales actuales de Siberia y el Lejano Oriente comenzaron cerca de sitios de tala, a lo largo de carreteras y ríos donde la gente enciende fogatas.

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