Otras dimensiones políticas de las cloacas

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imagen arainfo.org. Javitxu Aijón*.- Ahora que parece que el tema de las cloacas ha saltado a la luz de la opinión pública de un modo demoledor mucha gente a lo largo del Estado español ha podido conocer cómo funcionan estas estructuras del poder cuando se activan contra representantes políticos. Todo esto nos suena de algo a cualquier persona que haya vivido un caso represivo.

Desde luego, las consecuencias que esto ha tenido para la política institucional se han podido notar y la pregunta por saber qué habría pasado si no se hubiese soltado información falsa sobre Podemos es legítima. No obstante, las cloacas no solo actúan contra la izquierda parlamentaria; más bien, se trata de una estructura dedicada a la criminalización de la protesta.

Imaginad que en vez de Pablo Iglesias estamos hablando de un chaval cualquiera, con 21 años de edad. Este chaval decide asistir a una manifestación antifascista en su ciudad por coherencia con sus principios democráticos. También podría acudir a paralizar un desahucio, a manifestarse contra la reforma laboral o para defender la educación pública. El caso sería exactamente el mismo. El joven manifestante acaba siendo detenido y le imputan actos violentos en los que no ha participado. Es aquí donde encontramos con mayor dureza las consecuencias de la existencia de las cloacas del Estado.

A pesar de no haber ninguna prueba que le incrimine o que le sitúe en cualquiera de los actos delictivos que se le imputan (ya que es imposible que haya pruebas incriminatorias si eres inocente), resulta que hay algún agente de policía que asegura haberle visto lanzar piedras o quemar contenedores. Así lo suelen reflejar los atestados policiales escritos a posteriori. Curiosamente, en estos, los mandos policiales aseguran la participación de los detenidos e, incluso, en algunas ocasiones se les atribuyen dotes de liderazgo dentro de la masa. Además, el relato policial recogido en los atestados acaba siempre en los medios de comunicación como relato oficial de lo sucedido. ¿Os suena de algo?

La colaboración de los mandos policiales y los medios de comunicación ya ha quedado demostrada con los audios del Ferrerasgate. En estos se podía observar la presencia de dos mandos policiales (ni más ni menos que dos comisarios) conversando sobre cómo darle una “hostia” a Pedro Sánchez y “matar” políticamente a Monedero. Por si acaso pudiesen quedar dudas al respecto, lo diré en palabras de otro mando policial, David Piqué i Batallé:

Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas para calentar el ambiente.

Estas palabras fueron en su momento parte de una polémica denominada “El Síndrome de Sherwood” y vienen recogidas en un trabajo de final de máster sobre la persecución al movimiento okupa y “antisistema”. Sirven para dejar bien claras las tácticas policiales ante una protesta ciudadana. Forman parte de una estrategia de criminalización de la protesta que pretende allanar el camino a una época de reducción de derechos sociales.

En definitiva, las cloacas en este país han servido para impedir la llegada de ciertas formaciones políticas al poder, pero no son su funcionamiento más habitual. De hecho, fueron creadas para difamar, enjuiciar y encarcelar como en el caso de los seis de Zaragoza. Si eres un representante público, el alcance de estas estrategias no va mucho más allá de forzar una dimisión, generar presión a través de la opinión pública o arrebatarle un escaño a un representante soberano elegido en las urnas. En el otro lado, si eres un joven de barrio obrero y familia trabajadora, como lo es Alfon, los Jóvenes de las Vías, la Pública a Judici y otros cientos de casos a lo largo del Estado español, las cloacas irán a por ti con todo el peso de la ley.

No podemos permanecer callados tampoco ante estas sentencias. La indefensión que vivimos todos y cada uno de los represaliados cuando nos toca vivir nuestras condenas tiene que convertirse en solidaridad para poder frenar esta barbarie. Nuestra democracia está en peligro mientras sigamos normalizando el fango de las cloacas.

Javitxu Aijón. Condenado a siete años de prisión por acudir a una manifestación. Uno de los seis de Zaragoza.

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