Herejía

Imagen halabedi.eus. Isa Alvarez.- Escucho que está de moda ser creyente, y me sale decir que lo que está cada vez más extendido es ser penitente.

En Araba parece que vamos camino de tener varios Vía Crucis, aunque en lugar de cruces, aquí tendremos molinos. Molinos que serán una cruz y un castigo para quienes diariamente tengan que vivir bajo su sombra y sonido y una victoria para quienes desde sus púlpitos consideran la vida de personas y ecosistemas rurales territorio de sacrificio.

Siguiendo con los símiles bíblicos, se buscan Judas por todas partes a cambio de unas pocas monedas. Se busca quien traicione al pueblo a cambio de enriquecerse o simplemente de anotarse puntos con algún Dios. Además, las monedas hoy no siempre se ofrecen a las claras, se visten de palabras biensonantes como la participación o el interés general. Como siempre, se usan demonios a medida y conveniencia y en su nombre se destrozan territorios y se siembra hambre con nuevas plagas. Y si el demonio acaba llegando, siempre la culpa será nuestra por no haber hecho lo suficiente o por no haber seguido la senda correcta.

Labraza se está convirtiendo en un hito para ver cómo avanzan las nuevas plagas, la forma de dictar desde los púlpitos, de actuar de los Judas de turno y cómo el pueblo no acepta ni cruces ni penitencias. Hace apenas un mes allí estábamos los, las y les que participamos en la bira ekofeminista, comprobando in situ cómo un lugar tan bello y supuestamente protegido, un paraíso, pierde su protección de mano de algunos que se dicen defensores de su tierra. Esos mismos, hoy venden territorio a cambio de aún no sabemos muy bien qué y nos colocan a quienes habitamos el medio rural en el cajón de personas no válidas para opinar.

En definitiva, no hacen sino seguir la estela de los cleros de otra época que decían ser la luz de los pueblos, según ellos, sin conocimiento ni criterio. En este caso pretenden ser la luz de manera metafórica y también literal. Mientras tanto, en los pueblos y en los campos rebosan otras urgencias sin ser dignas de ser acogidas bajo las prioridades de los iluminados. Con sus políticas y sus acciones desprecian todo el territorio tanto material como inmaterial que nos sostiene, fauna, flora, tierra, biodiversidad, agua, conocimientos ancestrales, actividad agrícola y ganadera… Todo pasa a un segundo plano en favor de ya no sabemos qué. Quienes operan de esta forma, no entienden de raíz, apego, acerbo, paisaje o incluso de la necesidad de mantener un vínculo sano con el medio rural para poder sostenerse en la jungla urbana. A veces pienso que con todo el ruido que generan no llegan a escuchar nada más que sus pensamientos o los de sus iguales que estén más cerca. Otras veces pienso que sí escuchan, pero no entienden nada porque, aunque hablemos la misma lengua no utilizamos los mismos códigos.

Tal vez por eso hoy me sale usar y casi diría abusar de lo bíblico, código que dista mucho de ser mi favorito, pero que ha pervivido a lo largo de los siglos y siempre ha sido un código entendido por quienes tocan poder, tal vez porque cuanto más se acumula más se sienten dioses.

Haciendo memoria, pienso que históricamente ha habido quienes dictaban desde el púlpito, quienes vigilaban desde media altura y quienes agachaban la cabeza y se arrodillaban. Pero también hubo quienes se rebelaron, a pesar de los costes. Todo esto lo que me provoca decir es que son tiempos de sostener la herejía.

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