La desigualdad una pandemia que mata

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La desigualdad una pandemia que mata15-M RONDA.- En pocas palabras.- Los datos más recientes del Indicador Europeo de Pobreza y Exclusión Social, año 2019, muestran que la miseria extrema y exclusión social se extiende en el Estado español, que es la mayor en los últimos tres años y que afecta a doce millones de personas, 25% de la población.

Además, más de la mitad de la población no llega a fin de mes, no compra regularmente carne o pescado o no puede encender la calefacción. Esta situación no es exclusiva de las personas desempleadas, sino que se ceba en quienes trabajan en condiciones de precariedad (que son la inmensa mayoría) o reciben pensiones míseras, esto es, 9 millones de personas.

Y estas son algunas de las conclusiones de la sexta Encuesta Financiera de las Familias, correspondiente a 2017, del Banco de España que acaba de publicar. La décima parte de los hogares muy ricos (1,8 millones) en España, en el que viven 4,6 millones de personas, se ha incrementado su patrimonio medio un 58% desde 2002, acumulando una riqueza conjunta en 2017 de 2,5 billones de €, más que todo el resto de hogares juntos del país.

Por otro lado, los hogares muy pobres, esto es, 4,6 millones de hogares, en el que viven 12 millones de personas, partían en 2002 de un pequeño patrimonio medio de 17.000€ netos, que era cincuenta veces menor que el de los muy ricos, 857.000€. Tan exiguo patrimonio se fue reduciendo hasta pasar a ser negativo en las encuestas de 2014 y 2017, lo que significa que sus deudas sobrepasan a sus activos. Si a esto añadimos que a raíz de la crisis muchos de estos hogares tuvieron que abandonar la propiedad de su vivienda, la conclusión es obvia: se trata de un sector de la sociedad que ha sido objeto de un empobrecimiento también masivo.

Mientras el stock de capital empresarial se ha multiplicado por cinco entre 1994 y 2018 (de 0,5 a 3 billones de euros constantes), los salarios han reducido su poder adquisitivo en un 4% (de 1.722 a 1.650 euros/mes) y la amenaza del paro y las reformas laborales regresivas han frenado la capacidad de reacción de la población asalariada.

La creación de riqueza por parte de la clase obrera ha crecido de forma importante, 200.000 millones de euros entre 2014 y 2019 (Diario Expansión). Los beneficios empresariales, según datos del Banco de España para 2018 revelan un incremento del 60% y que esto viene sucediendo de forma sostenida en los últimos seis años. En este mismo periodo los salarios aumentaron nominalmente un mísero 1,5%, que en términos reales ha supuesto una pérdida de la capacidad adquisitiva de 133 euros al año (Diario La Vanguardia).

“Hay dos Españas muy distintas… junto a una España próspera, otra que está al borde de sobrevivir, con unos niveles de pobreza que reflejan una opción política que se ha diseñado en los últimos años. Entre 2007 y 2017 los ingresos del 1% aumentaron el 24% mientras los de quienes estaban por debajo del 90% crecieron un 2%… El estado español optó por recaudar un 5% menos en ingresos fiscales, mucho menos que cualquier otro gobierno europeo, por lo que ha tenido menos fondos para destinar a la protección social, y eso es una opción política. Y también lo es el recorte del impuesto a las empresas y a las fortunas más ricas, en contraste con el fracaso de los ingresos mínimos y la escasa disponibilidad de planes de protección social” (Philip Alston, relator especial sobre la pobreza extrema y los derechos humanos de Naciones Unidas).

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que la desigualdad ha reducido la riqueza casi cinco puntos en los últimos 20 años. También aumenta la fragilidad del crecimiento. En la mayoría de los países de la OCDE un empleo equivalente al salario mínimo es insuficiente para salir de la pobreza. En España hacen falta trabajar 72 horas semanales con un salario mínimo para salir del umbral de la pobreza, además, España es uno de los países más desiguales y con menos redistribución de la OCDE, sobre todo tras la crisis. España no es un país pobre, pero tiene demasiadas personas empobrecidas.

Las políticas que solo siguen el olor del dinero solo generan muerte, no riqueza. Quizá todavía es momento para redescubrir que la productividad y las cuentas corrientes valen menos que las personas, y que extender los derechos significa salvarnos a todos.

El microbiólogo y ambientalista René Dubos decía que cada civilización crea sus propias enfermedades y epidemias. La pandemia más importante de nuestra época, no es la tuberculosis, la malaria, el sida, o la Covid-19, sino la desigualdad. Según el historiador Peter Turchin, existe una fuerte asociación entre las crisis sociales, la globalización y las pandemias, de  modo que estas han sido más probables en los momentos de mayor desigualdad social.

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