Aprendiendo de Lisístrata

Solapas principales

foto Alicia Alonso.- (Reflexiones entorno día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, que se celebra el 24 de mayo)

Miremos hacia atrás, retrocedamos en nuestra mirada cerca del año 400 A.C. y parémonos en una mujer que nos presenta la ficción: Lisístrata. Aquella dama ateniense que harta de la ausencia de los hombres en las guerras constantes, propone negar a los maridos cualquier actividad sexual conyugal (huelga de sexo) hasta que acaben de “guerrear”. La estrategia de las mujeres protagonistas de la obra de Aristófanes “Lisistrata” (que significa: la que disuelve el ejército), se basa en unirse en aquello que las vincula per se: la condición de género por encima de las diferencias de etnia, clase o raza.

Es esta condición de subordinación al sistema patriarcal la que las iguala: ser objeto de sumisión y subordinación. Partiendo de este ser conscientes de la subordinación, podemos pasar a ser sujetos de acción y cambio. Esto sería parte de lo que se denomina “pacto entre mujeres”. Las mujeres de Lisístrata utilizan como estrategia aquella posición que las une por encima de las fronteras: la subordinación sexual, y la transforman en sujeto, al adoptar la decisión de negarse a mantener relaciones sexuales con sus hombres, hasta que no acabaran las guerras permanentes. Utilizan la “debilidad” que les supone ser “el reposos del guerrero” y la transforman en trasgresión, al negarse al sometimiento de esa función atribuida a ellas por el hecho de ser mujeres. Pasan a tocar el centro de los privilegios masculinos, ya que ponen en peligro el contrato sexual: las mujeres deciden sobre su cuerpo y prohíben su acceso a los hombres. Si bien es cierto, también, que la obra de Aristófanes parte de una situación poco probable, ya que dada la misma situación de subordinación y sometimiento de las mujeres también en las relaciones sexuales, la negativa o trasgresión a mantener las mismas de manera individual posiblemente generaría una reacción mayor de violencia o agresión por parte de los hombres. Pero también es cierto que la obra va más allá y no habla de un comportamiento o estrategia individual sino todo lo contrario, es el grupo de mujeres quienes acuerdan una estrategia común y por eso les da toda la fuerza a la misma (“la unión hace la fuerza”), adelantándose en los siglos a algunas reivindicaciones feministas contemporáneas.

Las mujeres tenemos estrategias que nos ayudan a deconstruir la guerra. “La mejor manera que tenemos las mujeres para evitar la guerra no consiste en repetir sus palabras y en seguir sus métodos, sino en hallar nuevas palabras y crear nuevos métodos”. No podemos enfrentar la guerra con más guerra, parar la violencia con más violencia. Las estrategias que podemos utilizar las mujeres para enfrentar y reconstruir la guerra tienen que ir en la línea de lo que aportaba Virginia Wolf en las “Tres Guineas”, hallar nuevas palabras y crear nuevos métodos. No utilizar ni reproducir los mecanismos de la política tradicional para resolver los problemas sino crearlos de nuevo. Empezando por el cambio y transformación de la relaciones (“lo personal es político”), para seguir por la deslegitimación del modelo de organización y de poder dominantes (por medio de la desobediencia) y de la visibilización de esa disconformidad (“No en mi nombre”).

La manera de enfrentar esta lógica de guerra vinculada hoy al capitalismo depredador no es incorporar más mujeres a las estructuras de poder patriarcal sino transformar y cambiar desde la raíz las lógicas imperantes. Creemos desde la imaginación y la creatividad nuevos modelos de organización y relación basados en otros valores que enfrenten esta lógica de violencia, competitividad, egoísmo, individualismo, racionalidad, acumulación, exclusión, racismo, sexismo, especulación y muerte.

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