Baladrinas en Brasil. Crónica 2: cuidar en tiempos revueltos.

Solapas principales

fotoLos últimos días han sido de cuidados y atenciones. De dedicar tiempo a escuchar a la gente grande y a jugar con la gente pequeña. Tratar de navegar en sus ritmos, comprender su lenguaje lleno de silencios, sostener dolores y quejas. Significar angustias solamente intuidas.

La dificultad se hace patente para quién no está acostumbrada a compartir la cotidianeidad con personas vulnerables. Viene a ratos el cansancio, la inseguridad de cómo hacerlo, la falta de herramientas. Pero también la evidencia de que nada tiene que ver mi vivencia estos días con la realidad de quien tiene que cuidar y recibir cuidados en las megaciudades miseria. Espacios de hiperdualización entre las condiciones de vida de las mayorías sociales y las clases dirigentes, de crisis social endémica. Por un lado, la reprodución de la vida amenazada, ya sea por la falta de condiciones materiales o por la represión más descarnada, que se ceba con los jóvenes negros de los barrios periféricos. Por otro, el estrés, el miedo, el aislamiento, la infelicidad colectiva que se mitiga a través del consumo y la acumulación.

¿Como cuidar con calidad si las horas se consumen en los desplazamientos, ya sea en el precario (y caro) transporte público o en los atascos interminables generados por miles de vehículos particulares? ¿Como hacerlo de forma justa y equitativa si el familiarismo y la feminización empapan las políticas públicas, reforzando los roles y el binomio mujeres y cuidados?

fotoLas mujeres son concebidas como el pilar básico del sistema de protección social brasileiro. Las responsables del buen funcionamiento de los programas de salud de la familia, del acompañamiento de las actividades escolares de sus criaturas y del seguimiento de las acciones educativas en su conjunto. Son la pieza clave para el funcionamiento de los programas de transferencia de renta como el Bolsa Familia1, fuertemente cuestionado y actualmente en proceso de desmonte por el gobierno golpista de Temer. Es la beneficiaria y gestora de los subsídios transferidos, la encargada de administrarlos y la responsable por el cumplimiento de las contraprestaciones, en este caso la frecuencia escolar y la aplicación de vacunas y controles médicos a las criaturas.

¿Como recibir cuidados adecuados si las personas de quien dependes necesitan conjugar distintos empleos y trabajos en la economía informal y aún así no alcanzar a cubrir las necesidades básicas? O trabajan a destajo haciendo horas extras para pagar un seguro médico o un colegio privado, confiadas en que su esfuerzo es garante de una mejor atención para sus niñas y mayores.

¿Como cuidarnos a nosostras mismas si las tímidas políticas en el ámbito de la seguridad social se ven amenazadas por la aprobación de una medida que congelaría por veinte años las inversiones en salud, educación y asistencia social? Si con la reforma de la previdencia, siempre en quiebra inminente en la opnión de los analistas del poder, la situación de las mujeres, especialmente de las mujeres negras, mayores o de zonas rurales, se vería aún más agravada.

Porque sabemos de sobra que la aplicación del recetario neoliberal supone el desmantelamiento de los servicios públicos, con el consiguiente empeoramento de la salud de las mujeres por tener que asumir más carga en las tareas de reprodución y cuidados.

Que los recortes en personal en sectores donde la presencia femenina es elevada, debido a la socialización de género que nos inculca el rol de cuidadoras, precariza sus condiciones de vida. Que la política económica que cuida de los intereses del agronegocio y otros sectores acaudalados, amparada en el discurso del fomento del emprendedorismo y del progreso individual, agudiza la feminización de la pobreza y la violencia estructural.

En las metrópolis del descuidado atender a las necesidades de las personas se convierte en un encaje de bolillos en el que los hilos están permanentemente en tensión y son cada vez más frágiles.

1El programa Bolsa Familia fue criado en el gobierno Lula en el 2003 con el objetivo de unificar los programas ya implantados previamente: Bolsa Escola (para fomentar el ingreso y permanencia de niñas y niños a los centros de enseñanza), Auxílio Gas, Bolsa Alimentación y Cartão Alimentação (estos dos últimos para garantir el acceso a la cesta básica).

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