Última crónica desde Argentina. Recta final

Solapas principales

fotoLlegamos a Rosario cuando quedan dos días para que volvamos a nuestras tierras. Nos acercamos a los locales gremiales de CTA para hacer la última presentación de Renta Básica y Feminismos. Después de una interesante charla Peque y Nano nos acercan a San Genaro y a su casa, y nos dejamos invitar encantadas de acercarnos a un entorno rural. A la mañana siguiente nos encaminamos hacia el CEA (Centro de Estudios Agrónomos) cercano a Totora, en el que su director y uno de los docentes nos hablaron de los oficios que impartían en su centro:  albañilería, electricidad, soldadura, huertas y cocina. Nos contaron cómo un punto de vista social es trasversal en su trabajo. Así por ejemplo, prestan la maquinaria a lxs alumnxs que una vez concluidos los estudios quieren llevar a cabo un emprendimiento, impulsando la autogestión laboral en vez de que se empleen en una empresa que los  va a precarizar. O, transmiten a l@s alumn@s que es importante que en sus talleres las fuentes de energía provengan de un molino eólico en vez de combustibles fósiles. También  hicieron un estudio comparativo demostrando a los agricultores locales que los campos tratados con agrotóxicos no daban más producción en contra de lo que ellos pensaban. Esta era la filosofía de trabajo  del centro de San Genaro, que esperaban se extendiera también a otros centros de estudios agrónomos del país.

fotoDespués nos dirigimos a conocer a un grupo de mujeres de Larguía que estaban llevando a cabo un emprendimiento en un terreno en frente de la escuela que pertenecía al ferrocarril. Allí cultivaban  una preciosa huerta sin agrotóxicos que proveía de hortalizas a la escuela de Larguía. También colaboraban  con la huerta colindante que era comunitaria. Y además estaban construyendo una casa de adobe (en colaboración con una arquitecta en prácticas de la universidad de Rosario) para guardar los útiles de labranza y reunirse; y hasta una placita para que las niñas jugaran.

Ellas nos contaban que los campos de soja que lindaban con la escuela o con sus casas no podían ser fumigados en una franja de 800 metros. Al no respetarse esto debían mudarse a casas de familiares mientras duraba la fumigación. Aún y todo, la mayoría de sus hijas  padecían asma o alergias. Por esto nos remarcaban que para ellas tenia mucho sentido cultivar hortalizas sin pesticidas ya que eran alimentos sanos para toda la comunidad. Nos reconocían con humildad, que  se sorprendían que gentes que venían de lejos nos interesáramos por su trabajo, a lo que respondimos que su iniciativa nos parecía admirable e imitable, y que seguiríamos en contacto con ellas  por medio del facebook que iban a crear en breve.

Y tras estos entrañables encuentros llegó la hora de trasladarnos a Buenos Aires para regresar a casa. Antes compartimos una deliciosa comida en casa de Peque, Nano y Amelia; y nos despedimos de ellas con pena por no poder quedarnos un poco más para compartir más momentos de charla e intercambio ya que nos supo a poco el escaso día que pasamos en San Genaro. No olvidamos pasar por el vivero donde trabaja Nano, que es precioso, como tal y como proyecto.

Nos quedamos con ganas para una próxima ocasión. 

 

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