Defender lo público es defender lo nuestro

Defender lo público es defender lo nuestroEn pocas palabras. 15-M RONDA.- La historia de la educación en el Estado Español estos últimos años es la de un sector que vio como la red pública pagaba los platos rotos tras la crisis/estafa, del año 2008, y aún no se ha recuperado de los recortes, mientras la escuela concertada, segregadora, salió reforzada.

En el Estado Español, la educación privada es un buen negocio gracias al aporte de fondos públicos. El gasto total en educación pública todavía no se ha recuperado, pasó de un máximo histórico en el año 2009 de 53.895 millones de euros a 50.807 millones de euros en el pasado curso, según datos oficiales del Ministerio de Educación. Mientras, los centros concertados reciben un 70% de sus ingresos del Estado, y eso lo hace rentables. Los colegios privados y concertados han duplicado sus ingresos en 13 años. En la década 2005-2015, aumentaron sus beneficios un 53%.

La pandemia COVID-19 está perjudicando a las personas más empobrecidas porque venimos de grandes desigualdades educativas antes de la pandemia. El Estado Español tenía la tasa más alta de abandono escolar temprano de la UE (17,3%) y el tercer mayor nivel de repetición. La elevadísima repetición, la segregación y el fracaso escolar se ceban con el 20.25% del alumnado más empobrecido, que se acaba quedando atrás, con baja formación y alto riesgo de desempleo, pobreza y exclusión. Hijas e hijos de madres que no tienen la ESO abandonan prematuramente más del 40% que aquellas con madres universitarias, 4%.

Para entender la situación actual, hay que remontarse al menos al año 2009 y, sobre todo, al año 2012, cuando el Gobierno de Rajoy aprobó el Real Decreto 14/2012 que imponía unos recortes sin precedentes en nuestra democracia. Ese año, excusándose en la crisis/estafa que empezó en el año 2008, la escuela pública recibió un golpe del que todavía no se ha repuesto. Se quitó fondos a la educación pública, desde infantil hasta la Universidad.

En el Estado Español, la educación concertada surgió en los años 80 como forma de extender la educación obligatoria hasta los 16 años sin invertir lo necesario en enseñanza. El dinero público permite separar al alumnado de familias ricas del que viene de familias empobrecidas, de tal manera que éstos últimos son sólo un 7% del alumnado de los centros concertados.

Mientras el sistema público sufría los recortes, las escuelas concertadas apenas los notaron. Si entre 2008 y 2018 el sistema público ha perdido un 5,8% de financiación, los centros de “iniciativa social”, esto es, empresariado e Iglesia, dueña de dos tercios de los colegios de gestión privada que reciben fondos del Estado, acabaron ganando un 11,6% más durante este período.

La disminución de las becas; el aumento de las ratios del alumnado por clases, cinco veces más en los colegios públicos que en los privados; el desmantelamiento de las plantillas del profesorado, se calcula que desaparecieron unas 30.000 plazas, sobre todo de profesionales de refuerzo y apoyo educativo, pedagogos terapeutas y especialistas en Audición y Lenguaje; y los departamentos de orientación que proveen de orientación psicológica, ha dejado al alumnado más vulnerable desatendido.

Según el Informe Diferencias Educativas Regionales 2000-2016, de la Fundación BBVA y el Instituto IVIE de investigaciones educativas, la escuela pública tiene un 60% de estudiantes de entornos medios y un 33% con pocos recursos. En la privada estos datos son el 27,1% y el 7,5%, respectivamente, con un 65,4% de alumnado de familias con rentas medias-altas.

Si alguien sabe de beneficio económico son las universidades privadas. Solo entre 23 de ellas de las 34 existentes actualmente, ganaron 1.700 millones de euros en el curso 2018/2019. El lobby empresarial europeo publicó el Informe Educación y Competencia en Europa, que incluía la siguiente afirmación: “La educación y la formación (…) se consideran inversiones estratégicas vitales para el éxito futuro empresarial”.

La crisis del coronavirus va a obligar a todos los países a decidir qué tipo de salida tomar ante estas dos opciones: apostar por el interés general o no hacerlo. La defensa de lo público no se puede quedar en los aplausos de las ocho de la tarde en el balcón. ¡Bajemos de los balcones a las calles!

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