Móviles, comercio sangriento

Solapas principales

En pocas palabras. Un paseo por el mundo. 15-M RONDA.- El mineral Coltan está en todos los móviles y procede principalmente de la República Democrática del Congo. UNICEF denuncia que en Congo hay más de 40,000 menores trabajando en las minas de mineral. El Coltan, hasta hace poco un material prácticamente desconocido, se ha convertido en el nuevo oro negro del continente Africano. Gracias al Coltan se fabrica móviles, ordenadores portátiles y otros dispositivos electrónicos.

La creciente demanda indiscriminada de Coltan por parte de las empresas de comunicación occidentales (como Motorola, Nokia, entre otras) son coparticipes junto con China de sostener la situación de guerra en el Congo, una tarifa oculta de inimaginables consecuencias humanas: secuestro, asesinato y trabajo en la esclavitud. El progreso es más caro de lo que imaginamos.

La historia del coltan en el Congo es muy larga y penosa. ¿Nos imaginamos un país que tuviera el 80% de las reservas mundiales de petróleo? Probablemente sería el más rico del mundo, sus habitantes nadarían en la opulencia. Excepto si ese país tan rico en recursos naturales está en África. El Congo ha tenido la “fortuna” de poseer el 80% de todo el coltan del mundo en su tierra. Pero no le ha traído más riqueza, sino más muerte, pobreza, desigualdad, corrupción, sufrimiento y guerra. El Congo lleva dos décadas sumergido en una cruenta guerra que ha dejado más de cinco millones de muertos.

¿Por qué duró 57 años la dominación de Bélgica sobre el Congo? Por el ultraje de minerales: coltan, niobio, oro, diamantes, cobre y estaño. Las bombas nucleares estadounidense sobre Hiroshima y Nagasaki se construyeron con uranio congoleño. Además, la independencia de Bélgica en 1960, costó casi 10 millones de muertos.

Ese mineral tan codiciado por los occidentales financia un baño de sangre en el corazón de África. Más de 120 grupos armados se lucran de la extracción ilegal de coltan para comprar armas con las que cometen masacres masivas sobre poblaciones civiles, violan indiscriminadamente a mujeres y niñas y secuestran a niños para convertirlos en máquinas de matar.

Las condiciones de las minas rozan la esclavitud. Los trabajadores extraen coltan de sol a sol y dejan de cultivar sus tierras. Jornadas laborales de más de 14 horas a cambio de un euro. Soldados rebeldes, armados con varas de madera, para golpear el lomo de los mineros para que trabajen más deprisa. Mujeres, algunas de ellas embarazadas, buscando el mineral para poder cambiarlo por algo de comida. O niños, muchos de ellos ni llegan a los 12 años, obligados a trabajar dentro de los túneles, ya que su tamaño es el idóneo para poder extraer el mineral que está en el interior.

Un buen trabajador del coltan puede producir un kilo de coltan al día que cuesta la vida a dos niños o jóvenes que mueren víctimas de horribles desprendimientos de tierra. En cuatro años han muerto más de tres millones de congoleños en las minas, como consecuencias de las radiaciones de uranio, un metal radiactivo llamado torio, y el radio que es intensa-mente radiactivo, entre otros.

Para extraer el coltan se han invadido los parques nacionales del Congo. El coltan es extraído a través de procesos primitivos similares a cómo se extraía el oro en California en 1800. Docenas de hombres trabajan excavando grandes agujeros en hileras para sacar el coltan del subsuelo. Los trabajadores echan agua y el lodo formado lo vierten a grandes tubos de lavado, logrando que el metal se deposite en el fondo debido a su gran peso.

En el año 2017, se han visto obligadas a huir de sus hogares 1,7 millones de personas, debido al incremento de la violencia, que ha elevado el total de refugiados congoleños hasta los cuatro millones (más que Siria, Yemen o Irak). Mientras que existen 7,7 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria grave, un 30 por ciento más que el año anterior. La República Democrática del Congo es lo más parecido al infierno y nosotras y nosotros, cuando adquirimos nuestros móviles de última generación, nuestra tablet o nuestro ordenador portátil, tenemos algo de responsabilidad.

  

 

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