Mujeres y hombres somos iguales, pero...

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MUJERES Y HOMBRES SOMOS IGUALES, PERO…Desde la tribuna del Parlamento español se repite, una y otra vez, que mujeres y hombres somos iguales, pero… Un informe de Oxfam Intermón nos recuerda, que a pesar de esas afirmaciones, en España una mujer tiene que trabajar 52 días más al año de media para ganar lo mismo que un hombre, porque en España, las mujeres ganan 0,86 € por cada 1 € que gana un hombre; pero… por esta realidad desigual, sigue existiendo un 14% de brecha salarial en España que tienen que soportar las mujeres; pero… en España entre los sectores más precarios están el doméstico y de cuidados, y las mujeres representan el 87,50% de las trabajadoras en estos sectores; pero…  en España el trabajo doméstico y no remunerado de las mujeres equivaldría al 27% del Producto Interior Bruto, esto lo convierte en una de las industrias más grandes e importantes del país; pero… esta es la trastienda de la democracia.

En la Europa de los 28, al igual que en España, las mujeres trabajadoras migrantes, y especialmente las nacidas fuera de la Unión Europea, están entre las trabajadoras más explotadas y marginadas. España tiene la tasa más alta de Europa de riesgo de pobreza laboral de las mujeres migrantes: una de cada tres trabajadoras está en riesgo de pobreza. También las mujeres europeas más jóvenes son de las más proclives a trabajar y sufrir pobreza: más de una de cada diez mujeres entre los 15 y los 24 años afrontan este riesgo, siendo la tasa más alta de todos los grupos de edad.

De igual manera, en la UE-28, las familias monomarentales y parentales son las que mayor riesgo de pobreza laboral tienen de entre todos los tipos de hogar. Casi dos tercios declaran tener serias dificultades para llegar a fin de mes. Esto afecta especialmente a las mujeres, ya que más del 80% de las familias monoparentales europeas están encabezadas por ellas, siendo un 83% en España, dónde se encuentran en riesgo de pobreza más de la mitad de las familias monomarentales y monoparentales.

En España, algunos de los sectores más precarios son la industria de la hostelería, restauración y turismo, y el trabajo del hogar y de cuidados: las mujeres constituyen el 55.8% de la fuerza de trabajo de la primera y el 87.9% de la segunda. Los trabajos en los que las personas suelen verse forzadas a trabajar involuntariamente a tiempo parcial se concentran en ocupaciones mal pagadas orientadas a servicios, ventas, trabajos administrativos o servicios técnicos, incluyendo seguridad privada, servicios de limpieza y mantenimiento. En España, casi 3 de cada 4 personas con un trabajo parcial involuntario son mujeres.

Gran parte del trabajo de las mujeres sigue estando invisibilizado, infravalorado y no contabilizado, aunque al mismo tiempo se le reconoce cada vez más como la piedra angular sobre la que se ha construido el crecimiento económico de Europa. El trabajo doméstico no remunerado de las mujeres asciende a 10 billones de dólares al año en el mundo, lo que equivale aproximadamente al 13% del PIB global, convirtiéndose así en una de las industrias más grandes e importantes del mundo.

Las mujeres en situación de precariedad y pobreza laboral llevan a sus espaldas el peso de la economía global, y esto tiene un precio. Su bienestar físico y psicológico, su percepción y satisfacción con la vida, así como sus relaciones personales, se están viendo afectadas. La privación material y social es extremadamente grave entre las mujeres jóvenes y las adultas de más de 50 años procedentes de países no pertenecientes a la UE. En España las trabajadoras internas del hogar y de cuidados pasan hasta 22 horas al día en las casas en las que trabajan; en el sector de la hostelería, las camareras de piso llegan a hacer hasta 85 camas por día en la temporada de verano.

Gobierne quien gobierne tiene mucho que hacer en esta desigualdad entre mujeres y hombres en España. Puede aprobar y poner en marcha leyes y medidas políticas que aumenten el salario mínimo, obligar a las empresas a hacer públicas y transparentes sus categorías profesionales y salarios desagregados por sexo o fortalecer la negociación colectiva y la presencia en ella de las mujeres, en lugar de debilitarla. Puede igualar los permisos de paternidad o sancionar a las empresas que tienen brecha de género.
Pero resolver la precariedad y las brechas de género requiere cambiar nuestras mentes, y la de las personas empresarias, las de los medios de comunicación, del personal educativo, de los sindicatos y de la ciudadanía en general. Es hora de seguir luchando por una igualdad sin peros que valgan.










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