“El feminismo tiene el desafío de relegar sus mezquindades para convertirnos en un movimiento sólido de cambio”

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Momento de la manifestaciónLa tinta conversó con Luz Achával, militante trans cordobesa, sobre el paro del 8M, el transodio de parte de cierto feminismo, la larga lucha de los colectivos trans-travestis y su mirada sobre el contexto actual.

Redacción La tinta.-  Soy Luz Achával. Ese nombre que me ha costado aceptarlo durante muchos años como propio y, a la vez, fue co-construido política, social y culturalmente. Pero, sobre todo, políticamente… me costó aceptarlo, pero no por mi negación de quien soy, sino por el costo del odio en una sociedad heteronormada que, a través de cada discriminación y exclusión, hace sentir ese odio constante a mi identidad, a mi libertad, a mi humanidad.

Soy estudiante de la Licenciatura en Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), en este momento, realizo la tesina. Me parece importante mencionar esta parte de mi vida, ya que poder acceder a la UNC y al conocimiento me permitió acceder a otros derechos y entender la palabra derecho. No fue ni es fácil sostenerse en la UNC, no estaba la Ley de identidad de género, aprobada en el 2012 después de muchos, largos, alegres y tristes años de lucha de los colectivos trans-travestis. Pero sigo luchando por mi título porque es mi derecho.

Trabajo en la Asociación Civil ‘Macuca’, acompañando a mujeres y niñes con diferentes problemáticas. Tuve la suerte de que Tinti, así conocida en la comunidad, viera en mí algo, que podía ayudar a otres… y estoy allí hace cinco años. Además, soy operadora territorial del Programa Casas Abiertas que depende de la Se.N.A.F. y, por último, y no por ello menos importante, soy parte del espacio de Casa Comunidad, una organización social militante de base, donde soy parte del equipo de Promotoras en contra de la violencia de género y del equipo de Financiamiento. Este espacio, en lo personal, me ayudó a entender y sanar la violencia que venía recibiendo por parte de mi ex pareja.

Es que sí, también las mujeres trans somos sujetas de violencia de género por parte de sus parejas, es que la violencia de género producida por una cultura capitalista patriarcal materializada, en su mayoría, por hombres heterosexuales está colada, filtra a todos los estratos sociales, a todas las personas… y, aún con más fuerzas e intensidad, a aquellas que nos salimos de esas normas impuestas heteronormadas.

Soy activista en materia de los derechos de las personas transexuales, transgénero y travestis. En ocho años de activismo, he acompañado proyectos de ley de inclusión laboral tanto en el ámbito legislativo de la provincia como también en la UNC. Particularmente en la UNC, fui una de las protagonistas en todo el cuerpo de la formulación de tal proyecto. Con compañeras como Julia Chiapello y Daniela Sajama, todas estudiantes trans de la UNC. Bueno, también en diferentes espacios de charlas debates.

Esa soy yo, una persona.

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(Imagen: RNMA)

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—En los últimos meses, llegó a oídos de todas las ideas y opiniones de un grupo de personas que se dicen feministas y despliegan transodio, ¿por qué creés que existe y cuáles son sus bases?

—Primero, me parece acertado decir transodio, ya que los crímenes de odio por nuestras identidades, por haber nacido con pene y renunciar al espacio privilegiado del varón en esta sociedad -esos crímenes son de gran alevosía en su modus operandi, la mutilación es moneda corriente en nuestras muertes-, no es “transfobia”, porque este término presta a entenderlo como enfermedad, ya que la fobia lo es, y llevan, en algún punto, a enfermar nuestras identidades, a la patologización de nuestra identidad.


Yo creo que el feminismo transodiante existe porque existe el patriarcado, porque existen lógicas, ideas y concepciones arcaicas sobre las identidades en general, donde prima lo biológico y las individualidades de ciertos colectivos “feministas” que no son más que materializadores de los mecanismos de exclusión del propio sistema capitalista-hetero-normado-patriarcal, todos avaladores de esta situación. Sus bases radican en la segunda ola feministas o tercera, depende quién lo mire, son burguesas que no solo nos excluyen a nosotras, sino también, por ejemplo, a las trabajadoras sexuales. Un feminismo que llama solo a las mujeres hetero y cis no es más que otra cara del patriarcado.


—Para muchas personas, aparece como algo “nuevo”, sin embargo, sabemos que, aunque no se haya expresado abiertamente en otros momentos, sí lo hace de forma sosegada: ¿cómo se han relacionado históricamente las RadFem con la comunidad trans? Y, por otro lado, ¿cómo se enfrentan esos embates de quienes se llaman feministas, pero que tienen, contradictoriamente, discursos de odio?

—Históricamente, la sociedad se relaciona desde dos grandes vínculos: desde le dominante y le dominade. Esta relación establecida por la cuestión de clases no es ajena a la relación de las RadFem y les trans, entendiendo que las RadFem vienen de la cúpula burguesa con ciertos privilegios y, en cambio, nosotras, en su totalidad, hemos sido expulsadas desde nuestro seno familiar hasta llegar a un promedio de vida entre 35 y 40 años.

Cuando salió la publicación de la RadFem, surgieron muchas otras notas dando ciertas explicaciones a esto tan “desafortunado” -lo digo de forma irónica, parte de quien soy por momentos- que decían: “Que se sumen está bueno así somos más”. Esa expresión, inmediatamente, mi cabeza la relaciona con subordinación; así como las mujeres cis lucharon, luchan y lucharán por la libertad e igualdad, nosotras las travesitis, las trans también luchamos y también estamos dispuestas a ocupar espacios de poder, tener derechos, ser libres, morir de viejas y no de olvidadas por todo un sistema perverso que nos sigue matando. Si este colectivo de RadFem nos quiere subordinar, daremos batalla una vez más, porque nosotras no volvemos más a la oscuridad.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Las contradicciones de ciertos discursos se cristalizan en la práctica, por ejemplo, no hace mucho tiempo que las mujeres trans-travestis pueden participar de los Encuentros Nacionales de Mujeres. No hace mucho tiempo que podemos votar, porque muchas de nosotras empezamos a votar a partir de la Ley de identidad; si me siento Carla, por qué voy a votar como Carlos, por ejemplo. Es que la identidad es un todo, es lo que quiero ser. No hace mucho que las trans-travestis podemos estudiar y tener otros derechos, aunque nos falta mucho más por arrebatar al Estado, al sistema.

Muchas feministas radicales son intelectuales y ocupan, en la actualidad, espacios de poder, en cambio, nosotras no, aunque seguimos siendo sujetas de sus discursos progresistas, políticos, inclusivos. Es que nuestro colectivo, como el de les pobres, seguimos siendo rentables para la política nefasta y pintoresca de este país.


Siento la necesidad y la urgencia de que se pueda entender que el feminismo no es solo una cuestión de la mujer hetero/cis. El feminismo es un movimiento plural que busca la igualdad, la autonomía de las cuerpas, el empoderamiento de les oprimides, pero, por sobre todo, un movimiento que nos aglutine bajo consignas colectivas donde todes quepamos, donde todes podamos reclamar al Estado nuestros derechos, un movimiento en donde todes juntes tiremos el patriarcado, porque entre todes vamos a hacerlo caer.


—A partir de esa historia y la configuración de los feminismo actuales, ¿te parece que el feminismo es o sigue siendo un lugar de las disidencias y su espacio de lucha? ¿Cuál es el salto que le toca hacer al movimiento feminista hoy en este sentido?

—El feminismo tiene muchas caras, pero, creo yo, que hay ciertos divisores del movimiento: la clase, la política partidaria y la mezquindad de lucha. La clase por cuestiones obvias, un claro ejemplo: en el año 2016, hubo 124.000 estudiantes de la UNC y solo éramos 13 personas trans-travestis pudiendo acceder a la educación superior, o cuántas mujeres de nuestro colectivo tienen trabajo (como una base para el desarrollo y la calidad de vida).

La política partidaria como una enfermedad que se impregna en nuestras cabezas, que nos impulsa a ser exclusivos. Recuerdo, en una de las charlas-debates, donde tal “feminista” del partido radical exponía: “Si una chica trans quiere salir de la calle, con voluntad, puede lograrlo”. En este discurso, no se comprende la raíz de la subordinación ni de la exclusión, no tiene en cuenta los factores de las políticas públicas y sus impactos en el colectivo, y, aún más profundo, se habla de la “calle” como una cuestión criminalizante, como si el trabajo sexual fuese un crimen sin comprender el por qué se ejerce, el no comprender que muchas lo hacen como única opción, que, de tu cuerpa, hacés lo que te plazca. Pero ya decía una compañera trabajadora sexual: “Que el trabajo sexual sea tu decisión y no la única opción”.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

En cuanto a la mezquindad de lucha, me refiero al complejo hecho de que, en la lucha por la interrupción voluntaria legal del embarazo, nosotras acompañamos a la masividad del movimiento en las vigilias largas, de noche con frío. Pero no veo tanta masividad cuando salimos a la calle por inclusión laboral o cuando mataron a Laura Moyano, no éramos esa masividad, es necesario poder ser no solo sorora con la compañera, sino también tener empatía por la lucha de cada una.

El feminismo, en la actualidad, tiene el desafío de relegar sus mezquindades, para convertirnos en un movimiento sólido de cambio social cultural, político y económico, el feminismo debe y tiene la obligación de aglutinarnos porque, en la historia de la exclusión, también somos víctimas del patriarcado.

Los colectivos de trans-travestis tiene larga data de pioneras en cuanto a la lucha por nuestros derechos y el feminismo viene a darle otro marco, otro sentido a nuestra lucha. Ya no solo estamos con nuestras historias de exclusión de forma aislada, sino que estas historias se politizan. Ya no solo luchamos por nuestros derechos, sino que cuestionamos nuestro lugar como mujeres trans-travestis en la sociedad, las relaciones de pareja, las desigualdades laborales (de las poquísimas que trabajan), formas de familias, la educación, etc. El cuestionamiento de estas particularidades de la vida cotidiana son compartidas a nuestro colectivo por mujeres trans-travestis como la Sacayán Diana, la Baudraco Pía, Berkin Lohana, la Wayar Marlene, la Shock Susy, la Amaya Maite, entre otras tantas compañeras. El feminismo como impacto en nuestro colectivo viene a aportar el cuestionamiento de cómo queremos ser y cómo ser parte en la caída del patriarcado, estas activistas no solo nos instalaron la conciencia de derechos, sino que también nos aportaron el feminismo como una herramienta de construcción colectiva para generar una sociedad más igualitaria.

marcha-trans-travestis-mujeres-ATTTA-colectivo-manifiesto-01(Imagen: Colectivo Manifiesto)

—Estamos en un año complejo de cara a nuevas elecciones y estos últimos años han sido difíciles en diversos aspectos. ¿Cómo se expresa el contexto actual de crisis en las vidas de las personas trans?

—En el contexto liberal-empresarial-de ultra derecha, donde el programa del Estado está basado en estar de rodillas a la derecha internacional, nuestro colectivo no está exento de sus políticas de desmantelamiento de los derechos. Desde el 2012, año que se aprueba la Ley de identidad de género, ley como herramienta que nos permite reclamar ciertas cuestiones, no hay avances en cuanto a mejoras de calidad de vida de nuestro colectivo. Los servicios, los impuestos aumentan para todes en Argentina, pero, en nuestro colectivo como el de les pobres, los impactos son más negativos, impulsándonos nuevamente al olvido y a la exclusión social como así también en los otros factores del contexto.

La crisis se profundiza en nuestro colectivo, no solo en la cuestión material, sino también en lo simbólico, en el sentido que el Presidente Mauricio Macri proclama eufóricamente la asunción de Bolsonaro en Brasil, reconociendo la intencionalidad y apoyando a la quita de derechos a los movimientos LGTTTBiQ+ como así también con terminar con la idea de género, militada por la iglesia universal. En la conciencia social, estos actos generan un movimiento en donde las personas, en una suerte de “luna de miel (tercer fase de la violencia)”, se aferran a esta idea de cambio, habilitando a estos crímenes de odio. Se nos vendió como un voluntariado y cambio de alegría de la política, y no hizo más que profundizar y seguir generando pobreza estructural en nuestro colectivo.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

—Se viene el 8M con un nuevo llamado a paro, ¿cuál es la importancia que tiene y cuáles son las reivindicaciones particulares de las compañeras trans para este 8M?

—A lo largo de la historia, nuestro colectivo tiene una cantidad sustancial de reclamos, como derechos humanos, ciudadanos, etc., que algunos fueron respondidos de forma parcial, debido a la larga trayectoria de militancia y activismo. En el paro internacional de mujeres del 8 de marzo, seguimos con luchas por una inclusión laboral real y concreta, por salud integral, por asignaciones y jubilaciones a aquellas compañeras de años y años de exclusión.
Nuestras reivindicaciones también van en el sentido simbólico que nos reconozcan como un movimiento social con historia en la lucha por nuestros derechos. Como uno de los colectivos más golpeados por la negación del Estado a nuestra existencia.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)


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