Diez años de saqueo de lo público y de la economia a través de los gobiernos del PP y PSOE

Solapas principales

En pocas palabras. La trastienda de la democracia. 15-M RONDA.- El 15 de septiembre del año 2008, hace ahora diez años, con el derrumbe del banco de inversión Lehman Brotherson, la quiebra de una de las entidades más tradicionales y poderosas de Wall Street (calle del muro), se inició una de la mayor “crisis financiera global” desde la Gran Depresión de 1929, con consecuencias económicas sociales y políticas nefastas en casi todo el mundo. Los Estados se vieron obligados a rescatar a sus bancos con miles de millones de euros y dólares (más de 300.000 millones de dólares durante el comienzo del año 2009) –en España, la factura sin retorno asciende a 60.000 millones de euros, como mínimo- lo cual acarreó duros recortes de gasto y la pérdida de millones de empleos.

Estamos en el año 2018. Diez años después, las economías de los países afectados han vuelto al crecimiento y los bancos supuestamente han saneado sus balances. Sin embargo, la huella devastadora de aquella crisis/estafa sigue visible en forma de salarios más bajos, más trabajos precarios y un altísimo endeudamiento de los Estados (el total de la deuda mundial supera por tres veces al Producto Interior Bruto –PIB-).

Diez años de sufrimiento que se han llevado por delante los derechos, los salarios dignos y el futuro de la gente. El empobrecimiento y la destrucción laboral están en la base de la destrucción de derechos y libertades.

Trabajos precarios, salarios indignos, alquileres por las nubes y un futuro inexistentes (con mayor incidencia en jóvenes menores de 40 años) son los principales daños que han quedado tras una década de recortes de derechos fundamentales. Lo único cierto es que, tras estos años, el trabajo ya no es en España garantía de alimentación y techo. Y, al contrario de lo que ha suce-dido a la inmensa mayoría de la población trabajadora, las grandes empresas y entidades financieras han hecho su agosto.

Según el informe anual presentado por la Agencia Tributaria en 2017, las empresas crecieron el doble que los sueldos, algo que viene siendo habitual en los últimos años. El resultado contable declarado de las empresas en España alcanzó los 217.563 millones de euros, un 9,2% más que en 2016. Sin embargo, los salarios habían subido sólo un 0,1%. Los salarios crecen en Europa cuatro veces más que en España.

En los beneficios empresariales se basó el relato mentiroso del gobierno del Partido Popular para difundir la idea de que España había “salido de la crisis”, incluso que España “encabeza” la recuperación económica en Europa (otra gran mentira). Según los datos de Eurostat, España era en 2017 el país de la Unión Europea con mayor pérdida de poder adquisitivo por parte de la clase trabajadora. La renta salarial en España se ha reducido en 9.500 millones de euros en la última década. Las trabajadoras y los trabajadores han perdido de media más de 500 euros anuales durante la “crisis”. En cuanto al tipo de contrato, sirvan de ejemplo las cifras del año 2016, de los cerca de 20 millones de contratos formalizados, el 91,43% fueron temporales.

“El problema no fue el terremoto económico del año 2007, sino la estafa continuada posterior, que dura ya más de 10 años, han utilizado la excusa de la “crisis” para desmantelar el Estado del Bienestar. Los gobiernos del PP y PSOE han practicado un saqueo constante de lo público y de la economía, especialmente de la clase trabajadora” (Alberto Garzón).

En este año 2018 la diferencia entre personas enriquecidas y personas empobrecidas es muy superior a la que había hace 10 años, la sanidad y educación pública se encuentran bajo mínimos y el sistema de pensiones está seriamente deteriorado. El 10% de las personas más enriquecidas acumula más riqueza que el 90% restante de la población española. En España, 10,2 millones de personas con una renta por debajo del umbral de la pobreza (año 2017, menos de 8.500 € al año), es el tercer país europeo en desigualdad, por detrás de Rumanía y Bulgaria.

La rebeldía ciudadana es un recurso legítimo en estos tiempos tan peligrosos, para empezar a reconstruir un poder basado en la ciudadanía.

 

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