Cárceles y patriarcado

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fotoPublicado en ladobleefe.blogspot.com.es/ Exposición sobre la charla "Cárceles y patriarcado: sistema de represión en el Estado" de la abogada y activista social Alicia Alonso, dentro del Seminario "Desarrollo comunitario en pueblos y barrios" (La Laguna, abril del 2013), por M.Piñeyro.

La cárcel es mi nuevo hogar, lo han decidido (...)
¿Pero quién se asomó a mi pecho herido
a preguntar siquiera por qué alguna vez he delinquido?

1. La pobreza: la mayor causa de encarcelamiento

La activista Alicia Alonso comienza preguntándose: ¿Quiénes están en las cárceles? ¿Están todas las personas que delinquen? 

Muy a pesar de la difusión del miedo como excusa para la existencia de las cárceles, las cuales se nos da a entender que están habitadas casi exclusivamente por homicidas, asesinos en serie, etc., sólo el 5% de las personas presas están allí por delitos de este tipo. La realidad es que la gran mayoría de las presas (un 68%) lo están por delitos contra la propiedad privada (robo, hurtos...) y por delitos contra la salud pública (tráfico y consumo de drogas...). Ambos tipos de delito se relacionan directamente con el sistema económico capitalista, en el cual -carentes de propiedad privada y recursos- las personas quedan excluidas y empobrecidas viéndose en circunstancias extremas en la búsqueda de la supervivencia.

"La cárcel es la cloaca, el basurero donde va la gente que sobra, los problemas que no queremos ver de este sistema".  

El Estado español es uno de los países de la Unión Europea con más personas presas (68.597) a pesar de estar -a su vez- dentro de la media en lo que a cifras de delincuencia se refiere; es decir, no tiene un índice más alto de delincuencia que otros Estados. Entonces: ¿por qué hay más presas aquí? Según la ponente, esto se debe a la criminalización de determinadas conductas.

Por lo que respecta a la segunda cuestión planteada al principio, está demás decir que hay muchas personas que tienen la capacidad de eludir a la justicia por influencia económica o política (creo que a todas se nos vienen muchos ejemplos a la mente); como dice el refrán "ni son todos los que están, ni están todos los que son". 

2. Consecuencias de ser presa**

El Estado declara que su pretensión es la reinserción social de las personas que pasan por la cárcel pero, ¿se da la reinserción realmente?

Alicia Alonso lanzaba las siguientes preguntas para reflexionar: ¿se puede educar para la libertad desde la no-libertad?, ¿se puede educar para la responsabilidad desde el control y la vigilancia?, ¿se puede integrar desde la exclusión?

Como es sabido, el hecho de ser expresidiaria convierte a las personas en las últimas de la cola para conseguir un trabajo o para ganarse la confianza nuevamente de amigos y familiares. La mayoría de las personas que pasan por la cárcel pierden los lazos que tenían fuera y esto les hace proclives a la reincidencia en delitos, entendiendo que no tienen las redes familiares o cercanas, ni recursos económicos para reinsertarse en la sociedad una vez que han cumplido condena; la mayoría de las veces su situación económico-social empeora. Ser expresidiaria se convierte, pues, en un factor de exclusión social más que agrava su situación.

Por otra parte, los regímenes de control y vigilancia a los que están sometidas, suponen una "infantilización" de las personas -planteaba Alicia Alonso-, ya que implica horarios estrictos para comer, dormir, o salir al patio: una vida controlada tal como se controla a un niño o niña. Desde esta perspectiva es difícil crear un sentido de la responsabilidad en las personas, educar para la libertad, para la convivencia y la integración en un espacio segregado, limitado, inspeccionado... Además, al ser punitivo, vengativo, no reformador (...) el sistema judicial de este Estado no busca la subsanación del daño, sino -por el contrario- busca el castigo de quien lo ha hecho, y esto no implica -en consecuencia- que quien haya cometido el delito asuma algún tipo de responsabilidad respecto a su acción.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿por qué existen las cárceles? Si no educan, ni reinsertan en la sociedad, ¿cuál es su función entonces?

Según la abogada, las cárceles no cumplen una función de reinserción, ni de prevención, ni disuasoria. Muchas de las personas que están allí dentro no lo estarían si no estuvieran privadas de recursos económicos de subsistencia, por lo que su situación se solucionaría simplemente con un equilibrio económico o social.

Ser pobre es una de las grandes causas por las que las cárceles están llenas de gente. Una situación que, evidentemente, no se arregla con el encarcelamiento sino que se parchea: se quita de nuestros ojos aquello que no debemos ver, aquellas personas que hacen evidente que este sistema económico no funciona (1).

3. La reproducción del sistema patriarcal dentro de las cárceles

Los roles y dictámenes del sistema patriarcal, como no podía ser de otra forma, se reproducen -y en ocasiones se intensifican- dentro de las cárceles. 

De las 68.597 personas presas en el Estado español (datos del 2012), el 7,62% son mujeres (el porcentaje más alto de la vieja Europa). A su vez, sólo existen tres cárceles de mujeres, por lo que en la mayoría de las ocasiones las mujeres son encerradas en módulos para mujeres dentro de las propias cárceles de hombres, bajo una segregación estricta. Esto conlleva un trato diferencial dentro de estos lugares, que según nos contaba Alicia Alonso, suele implicar: 

  • medidas indiscriminadas de vigilancia y control
  • convivencia sin respetar edad, tipología de delito, mezcla de presas preventivas y condenadas... 
  • convivencia en espacios muy reducidos, hacinamiento
  • inaccesibilidad a espacios exclusivos para los hombres, como por ejemplo las bibliotecas o los polideportivos
  • menos recursos y dificultades para el acceso a la enfermería.
  • mismo trato que los hombres en cuanto a cacheos, registros y vigilancia, cuando el nivel de conflictividad es más bajo y hay escasos delitos con violencia
  • hay una división estereotipada de los talleres, y los destinados a las mujeres suelen estar relacionados con la costura o la estética (y así los hombres cuentan con una oferta más amplia)
  • los empleos ofertados se los llevan -por lo general- los hombres (un 89,9%), por no hablar de la menor remuneración por el mismo trabajo, o incluso de trabajo gratuito por parte de muchas mujeres.

Por otro lado también es importante nombrar otras condiciones cuya perspectiva de género sería muy importante tener en cuenta, como el hecho de que la mayoría de los centros penitenciarios están regidos por hombres (con todo lo que ello implica), que los programas de tratamiento no incluyen la perspectiva de género (por ejemplo los tratamientos por drogodependencia), o que a las mujeres embarazadas se les niega la prestación de baja por maternidad.

4. La mujer condenada

Una mujer presa cumple tres tipos de condena a la vez, nos explica la activista:

a) Condena Social

No es lo mismo para la sociedad un hombre preso, que una mujer presa; no se juzga de la misma forma la desobediencia en ambos géneros. El acto delictivo está más aceptado cuando proviene de un hombre que cuando proviene de una mujer. La mujer rompe con el molde, con el rol asignado: deja de ser vista como la esposa obediente y la madre ejemplar, no cumple con las espectativas que la sociedad tenía puestas sobre ella. 

Es curioso que hasta hace no mucho tiempo, mientras que a un hombre que desobedecía la ley se le entendía como "delincuente", a una mujer que desobedecía la ley se le veía como "pecadora", y en vez de ser "apresada" era "internada". Esto está íntimamente relacionado con el concepto de "bondad" o de "virtud" que se asocia como una cuestión natural de la mujer y al concepto de "maldad" visto como el apartarse  del rol social establecido para ella. Así, la mujer que transgrede es vista como un monstruo, como una pecadora, un ser corrompido que se ha salido del camino del bien (con la cuota de "culpabilidad" que ello implica y, a su vez, de represión personal). 

b) Condena Personal

Una mujer encarcelada sufre un desarraigo personal: la pérdida de la familia es lo que más les duele, suelen declarar. Alonso nos explica que esto deriva de la rotura de los lazos familiares y de su rol de madre sostenedora de la familia, que supone, en numerosas ocasiones, una quiebra de su propia identidad (hay que tener en cuenta que hablamos de mujeres que, en su mayoría, son cabezas de familia encerradas en la cárcel precisamente por supervivencia, por intentar mantener a su familia, sea como sea, incurriendo por ejemplo en delitos la propiedad privada y la salud pública). Es recurrente que, ante esta situación, el propio equilibrio emocional/mental de las mujeres se vea en peligro.

Un dato revelador a este respecto son los índices de suicidio: fuera de las cárceles un 20% de las personas que se suicidan son mujeres; dentro, un 50%. 

A todo esto cabe sumarle además, la exposición a la regulación y medicación por transtornos adjudicados siempre a las mujeres: "depresivas", "histéricas", etc.

c) Condena Penitenciaria

Las condenas suelen ser más duras que las de los hombres. La sociedad y el Estado son más duros con las mujeres desobedientes que con los hombres desobedientes. Se les exige más docilidad y sumisión y cualquier conducta de rebeldía o enfrentamiento con la Institución Penitenciaria se sanciona con dureza. La prueba está en la relación entre las penas, la gravedad de sus acciones y los tipos de sanciones que se les aplican; aún cuando los enfrentamientos (dentro de las cárceles) entre hombres suelen ser más violentos y hasta con objetos punzantes, las mujeres reciben más sanciones: 

  • Sanciones leves: un 3,65% de presos hombres han recibido sanciones leves, frente al 5,58% de mujeres
  • Sanciones graves: el 48'08% de hombres frente a un 59,2% en mujeres
  • Sanciones muy graves: 22,19 en hombres, 24,36% en mujeres. 

Las cifras hablan por sí mismas. El castigo y el machaque de la conducta es evidente.

4.1 Maternidad

Cuando una mujer se queda embarazada es trasladada a los "módulos de madres", lugares un poco más "bonitos"(2) que los módulos comunes. Una vez nacida la criatura, la madre se puede quedar con ella allí hasta que cumpla tres años, y después es trasladada con la familia o es institucionalizada (por ejemplo en el caso de mujeres extranjeras sin familia en el país). 

Esto supone una situación delicada, puesto que los niños/as sufren la "prisionalización": sufren el encierro durante esos tres años que viven allí, los ruidos de los cerrojos, las llamadas por megafonía, las escasas visitas de sus familiares (debido a que, entre otras cosas, no hay un reglamento especial de visitas para madres con hijos, sino que se les aplica el general).

Dadas las circunstancias, decidir quedarse o no con el niño o niña es una situación muy delicada para la madre: tiene que escoger entre entregarlo desde el principio, o criarlo hasta los tres años para no verle más, con lo que supone para la cría el añadido de cambiar de familia a una edad avanzada en lo que a crianza se refiere. Esto puede suponer un elemento más para el desequilibrio emocional o identitario de la madre y un hecho traumático para la cría.

5. Alternativas para la transformación social

Al analizar la realidad de nuestras sociedades se hace evidente la conclusión de que la cárcel está habitada en su mayoría por personas víctimas del sistema económico capitalista, empobrecidas y en situación de exclusión social, y que el sistema patriarcal extiende sus tentáculos tanto dentro como fuera de ellas.

Las complicaciones aparecen al buscar alternativas, y sobre todo alternativas efectivas. La posición de la abogada Alicia Alonso era clara: puedo considerarme anticarcelario/a, pero de aquí a que eliminemos las cárceles queda tiempo, y de acá a allá hay que hacer algo. Ella propuso grosso modo varias líneas de actuación posibles que reducirían el número de personas privadas de libertad: la legalización de algunas sustancias, la libre circulación de las personas, romper la brecha social o la mediación (la no judicación de todos los casos) que impliquen una subsanación del daño para la víctima y no sólo un castigo para quien lo realiza. 

Respecto a las cárceles o módulos de mujeres, las propuestas irían orientadas, por ejemplo, hacia una suspensión de la pena durante la crianza de su hija/o, visitas más flexibles, espacios adecuados, atención médica adecuada, personal femenino en las instituciones, tratamiento adecuado de los casos de salud mental, programas médicos y demás tratamientos con perspectiva de género...

Lo que parece estar claro en su planteamiento, en cualquier caso, es que debemos ir construyendo poco a poco las alternativas que posibiliten en un futuro la eliminación de las penitenciarías, partiendo de la base de que la transformación social es un proceso, no un golpe de suerte.

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* Alicia Alonso es una abogada y activista social que trabaja dentro y fuera de las cárceles, sobre todo en el ámbito del acompañamiento de las presas, fundamentalmente en cárceles de mujeres. Es miembro de Baladre, Coordinación contra la precariedad, la exclusión y el empobrecimiento.

** Me he tomado la libertad de escribir "ser" presa y no "estar" presa, porque considero que en estas circunstancias estar y no estar hablaría de un cambio de estado en la persona, y, sin embargo, serlo, marca una continuidad más allá de estar ya fuera de las rejas, tal como ocurre con el estigma para con las expresidiarias.

(1) Iba hablando Alicia Alonso y yo acordándome de la canción de La Polla Records: "No a las cárceles del estado asesino/ no más esconder los errores del sistema/ no al estado terrorista que encierra/ a quien le sobra y a quien lucha contra él...

(2) "bonito" se dice porque están decorados con motivos infantiles, intentando simular algo más parecido a un "hogar" para las niñas/os.

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